El sueño de la separación

Mosaico de Jesucristo en el templo ortodoxo de San Petersburgo

En Louisville, en la esquina de la Cuarta y Walnut, en medio del barrio comercial, de repente me abrumó darme cuenta de que amaba a toda esa gente, de que todos eran míos y yo de ellos, de que no podíamos ser extraños unos a otros aunque nos desconociéramos por completo.

Fue como despertar de un sueño de separación, de falso aislamiento en un mundo especial, el mundo de la renuncia y la supuesta santidad. Toda esa ilusión de una existencia santa separada es un sueño.

No es que cuestione la realidad de mi vocación, ni de mi vida monástica: pero el concepto de “separación del mundo” que tenemos en el monasterio se presenta con demasiada facilidad como una completa ilusión: la ilusión de que haciendo votos llegamos a ser una especie diferente de seres, pseudoángeles, “hombres espirituales”, hombres de vida interior, lo que sea.

Cierto que esos valores tradicionales son reales, pero su realidad no es de un orden exterior a la existencia diaria en un mundo contingente, ni le da derecho a uno a despreciar a los seglares: aunque “fuera del mundo”, estamos en el mismo mundo que los demás, el mundo de la bomba, el mundo del odio racial, el mundo de la tecnología, el mundo de los mass media, de los grandes negocios, de la revolución, y todo lo demás.

Nosotros tomamos una actitud diferente ante todas esas cosas, pues pertenecernos a Dios, pero todos los demás también pertenecen a Dios. Lo único es que ocurre que nosotros tenernos conciencia de ello, y hacemos de esa conciencia una profesión.

Pero ¿nos da derecho eso a considerarnos diferentes, o mejores que otros? La idea entera es ridícula.

Esta sensación de liberación de una ilusoria sensación de diferencia fue un alivio tal y una alegría tal que casi me eché a reír en voz alta. Y supongo que mi felicidad podría haber tomado forma en estas palabras:

“Gracias a Dios, gracias a Dios que soy como otros hombres, que soy sólo un hombre entre otros”. ¡Pensar que durante dieciséis o diecisiete años he tomado en serio esa pura ilusión, implícita en gran parte de nuestro pensamiento monástico!

Es glorioso destino ser miembro de la raza humana, aunque sea una raza dedicada a muchos absurdos y aunque cometa terribles errores: sin embargo, con todo eso, el mismo Dios se glorificó al hacerse miembro de la raza humana.

¡Miembro de la raza humana! ¡Pensar que el darse cuenta de algo tan vulgar seria de repente como la noticia de que uno tiene el billete ganador de una lotería cósmica!

Tengo el inmenso gozo de ser hombre, miembro de la raza en que se encarnó el mismo Dios. ¡Como sí las tristezas y estupideces de la condición humana me pudieran abrumar ahora que me doy cuenta de lo que somos todos! Y si por lo menos todos se dieran cuenta de ello!

Pero eso no se puede explicar. No hay modo de decir a la gente que anda por ahí resplandeciendo como el sol. Eso no quita nada de la sensación y valor de mi soledad, pues de hecho es función de la soledad hacer que uno se dé cuenta de tales cosas con una claridad que sería imposible a cualquiera sumergido por completo en los demás cuidados, las demás ilusiones, y todos los automatismos de una existencia apretadamente colectiva.

Mi soledad, sin embargo, no es mía, pues ahora veo cuánto les pertenece a ellos, y veo que tengo una responsabilidad por ella en atención a ellos, no sólo por mi…

Epifania en Louisville  de Tomas Merton

Extraído de Cistercium

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10 comentarios en “El sueño de la separación

  1. Me parece un tema apasionante. ¿Debemos progresar individual o colectivamente? La Comunión de los Santos. El Cristo histórico y el Cristo universal. Yo sé que Cristo no quiere a seres que dialoguen con Él en solitario, apartados de los demás, sin importarles nada.. Pero también que no nos quiere como hormiguitas de un hormiguero. Un cierto grado de solidaridad es importante. En una navidad pensé que en los ojos desesperados de un hombre marginado, indigente y borracho estaba Cristo. Le dediqué una pequeña poesía a aquellos ojos maltratados por su vida o por la que le vino impuesta. Creo que nunca resolveré este dilema.

  2. BENDICIONES HERMANOS, ME ENCOMIENDO A SUS ORACIONES YA QUE ESTOY EN UN MOMENTO DIFICIL EN MI OCNGREGACION DE VIDA APOSTOLICA. TENGO QUE TOMAR DECISION DE IRME O QUEDARME, SE QUE ESTA ES MI VOCACION PERO EN ESTE TIEMPO NO ES LA INSTITUCION CON LA QUE ME COMPROMETI. QUE EL SEÑOR ME MUESTRE EN ESTA ESPERA SU LUZZZ- CLARISA

    • Clarisa, Cuando Dios te llamo a la vida consagrada, lo hizo atraves de una congregacion, que te recibio, si en el transcurso del tiempo has encontrado que no llena tus espectativas, eso no quiere decir que te tengas que marchar… Ten encuenta que cada vocacion es inedita y Tu Esposo Divino te lleva por donde El quiere y como quiere. Tu te consagraste a El y le hiciste la ofrenda de tu Amor y Voluntad, eso es precisamente lo que debes tener muy claro, Hacer su Voluntad no la tuya, lo que a El le agrada no lo que a ti te guste, te llevo a esa comunidad para que en ella lo sirvas y te santifiques… en ella encontraras a pesar de todo, el camino directo a la perfeccion,en ella has de gastarte y desgastarte en la salvacion de las almas, haciendo la ofrenda de ti misma, abrazandote a la cruz y negandote a ti misma. y si te trajo aqui es para que tu cambies aquello que no te agrada y cooperes en la santificacion de tus hermanas
      Dios te quiere aqui y jamas te abandonara. oro por ti para que te llene de su luzzz.

  3. Hoy siento una cercanía particular con este texto … Esta mañana, mientras caminaba al trabajo, me di cuenta de que tal vez por el silencio, pude apreciar, saborear, dar gracias a Dios por el ruido y el bullicio de la ciudad, por toda la Vida que comunica. El día está muy bello … la luz le da un brillo a todas las cosas y las trasciende, las incorpora en Cristo. Amen.

  4. Pues sí; tambien a mí ocurrió que callejeando por madrid, me cruce con blancos, negros, orientales, tambien se distinguian algunos nordicos, subamericanos, marroquies, habia hombres, mujeres y niños; «ERAN MIS SEMEJANTES» , cada uno iba a su funcion, turismo, trabajo, busqqueda de trabajo, paseo; cada uno tenia su pasaporte; todos eramos distintos y al mismo tiempo iguales; yo pertenecia a un Reino «EL REINO DE DIOS» y mí Rey es CRISTO, mis leyes estan en LA BIBLIA, otros tenian otros reyes o presidentes, otros pasaaportes, otras leyes mas o menos constitucionales. ¡NO! no estaba solo, ccaminaba por la vida con miles de criaturas semejantes a mí. QUE GRAN RESPONSABILIDAD REPRESENTAR A MI REY, A SU REINO, A SUS LEYES.

  5. existe un punto virgen, si, un punto Inmaculado, el ser intimo y original de cada uno, ese Nombre que Abba sólo conoce, y nos da al crearnos a traves de su Verbo, con Amor de Padre y Madre, Es eso que desprenden los niños.. (si no nos hicieramos como niños..) es el reflejo del Ser Divino, que si nos percatasemos de ello, tratariamos a todos, empezando por ti mismo, con reverencia, calidez.. como dice T.Merton, seria un problema ….pues podría «bloquear» por la admiración de unos a otros, las relaciones . Estariamos contemplandonos…La humildad es un don… pero es lo primero, porque si no, la aceptacion, el respeto, la mirada al Otro, no seria como la vivía Jesus. Ya nos dijo:»el Reino esta dentro de cada uno» .Oremos, y pidamos mas claridad en los ojos y el corazon al ver a los demás, a traves de nuestros y sus defectos. gracias por esta experiencia humildemente confesada de Merton.

  6. Tomas Merton es un maestro de los maestros….Su apertura y profundidad de corazòn se algo que debièramos imitar los que vamos buscando en el camino de Crist5o
    contemplativo las respuestas que aùn no tenemos….Gracias….

  7. Creo que en la infinita misericordia de Dios, El en algún momento de nuestra existencia nos hace darnos cuenta de que somos pecadores con los pecadores. Que seríamos capaces de los más horrendos crímenes si El nos dejase de su mano.
    Por eso es por lo que uno clama sin cesar:» Ten piedad de mi, pecador», y lo hace sin falsa modestia.
    Demos gracias a Jesús por su inefable DON.
    Unoidos en la invocación de su Nombre.

  8. Pingback: El sueño de la separación | Fraternidad Monástica Virtual

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