Convertir la vida

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Queridas hermanas y hermanos suscriptores de Hesiquía blog: Los invitamos a participar de 30 días de ejercicios espirituales en torno a Filocalía. Les dejamos el enlace a un vídeo breve acerca de ello y un enlace con toda la información para sumarse. Luego unos fragmentos escogidos de un libro que recomendamos mucho leer, que trata sobre la posibilidad de rectificar nuestra vida, de transformarla profundamente. Un abrazo fraterno para todos, invocando a Cristo Jesús.

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Fragmentos de “La muerte de Iván Ilich” de León Tolstoi

“… E Iván Ilich se puso a repasar con la imaginación los mejores momentos de su placentera vida. Pero, por extraño que pueda parecer, tales momentos se le antojaban ahora completamente distintos de lo que había juzgado hasta entonces. Todos, salvo los primeros recuerdos de infancia. En esa época sí que había habido algo realmente agradable, algo con lo que habría sido posible vivir si hubiera regresado a ella. Pero el hombre que había vivido esos momentos agradables y a no existía: era como el recuerdo de otra persona.

Desde que se inició ese proceso que había acabado convirtiéndole en la persona que era ahora, todas las cosas que antaño se le habían antojado alegres se fundieron bajo su mirada y se transformaron en algo insignificante y a menudo repugnante. Y cuanto más se alejaba de la infancia, cuanto más se acercaba al presente, más insignificantes y dudosas le parecían esas alegrías…

Todo había comenzado en la Escuela de Jurisprudencia. Allí todavía había algunas cosas buenas de verdad: la alegría, la amistad, las esperanzas. Pero ya en los cursos superiores
esos momentos agradables se fueron haciendo cada vez más raros. Luego, en los tiempos en que desempeñó su primer cargo en la oficina del gobernador, volvieron a aparecer esos momentos buenos: eran los recuerdos de su amor por una mujer. Más tarde todo se entreveraba y los momentos buenos se iban haciendo más escasos. Y más y más disminuían a medida que avanzaba en el tiempo…

Se le ocurrió pensar que lo que hasta entonces había considerado una completa imposibilidad, es decir, que no había vivido como debería haberlo hecho, podía ser verdad. Y se dijo que esos leves intentos de lucha contra todo lo que la gente encumbrada consideraba bueno, que esos leves intentos de los que se había desentendido a las primeras de cambio, podían también ser verdaderos, y que todas las demás cosas podían no ser como deberían haber sido.

Su trabajo, su modo de vida, su familia, los intereses mundanos y profesionales: todo eso podía no ser como debería haber sido. Trató de defender ante sí mismo cada una de esas cosas. Y de repente reparó en la fragilidad de lo que estaba defendiendo. No había nada que defender. « Y si eso es así —se dijo— y voy a abandonar la vida con la conciencia de haber destruido todo lo que me ha sido dado, sin haber sido capaz de poner remedio a nada, ¿Qué será de mí?» .

Se echó de espaldas y se puso a repasar toda su vida de modo completamente distinto. Esa mañana, cuando vio al criado, y después a su mujer y a su hija, y más tarde al médico, cada uno de los gestos y palabras de esas personas le habían confirmado la terrible verdad que se le había revelado en el transcurso de la noche. En ellos se veía a sí mismo, veía todo aquello por lo que había vivido, y se daba perfecta cuenta de que nada había sido como habría debido ser, de que todo había sido un engaño gigantesco y espantoso que le había ocultado tanto la vida como la muerte.

Esa conciencia aumentaba, decuplicaba sus sufrimientos físicos. Gemía, se debatía, se arrancaba la ropa. Tenía la impresión de que algo le sofocaba y le oprimía. Y también por eso los odiaba a todos… Sí, nada ha sido como debería haber sido —se dijo—, pero no importa. De todos modos, se puede hacer lo que se debe. No obstante ¿en qué consistirá eso?» , se preguntó, y de improviso dejó de gritar…”