Descansa en el ser

 

Monje en su celda

El monje se recostó en el vacío.

Como si se tratara del tronco de un amistoso árbol,

descansó sin temor en la conciencia de su pequeñez,

cediendo todo anhelo en la confianza.


Permaneció largo rato tendido,

escuchando los sonidos leves que producía el aire al mecer las hojas

y la crepitación de las piedras calentándose al sol;

a través de los párpados cerrados,

percibía los claro oscuros dibujados por las nubes

al pasar por encima.


El flujo vital que entraba y salía de su cuerpo,

le hacía íntimo con todas las cosas.

Estaba en la unidad y habían desaparecido las oposiciones.

Lo hecho y lo por hacer convergían en ese único momento,

merced a cierta perfecta actitud de entrega.

 

Cruz y muerte,

descenso y ascenso,

luz y resurrección;

formas de manifestarse el amor.

 

Respiró tranquilo sin hacer nada, descansando en el ser.

Texto propio del blog

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