“Accende lumen sensibus “

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Una aproximación filosófico teológica a la doctrina de los sentidos espirituales en la teología monástica medieval

Pedro Gómez (Monje Benedictino)
Monasterio de Nuestra Señora de la Paz
San Agustín, Córdoba, Argentina

A primera vista parecería que al hablar de “sentidos espirituales” estos autores estarían usando una metáfora, si no sería una contradictio in adiecto –la atribución a un sustantivo de un adjetivo que contradice su significado–, para referirse a los actos de la inteligencia y de la voluntad elevados por la gracia, los cuales se diversificarían según los distintos objetos a que van dirigidos.

Pero recordemos que en el siglo XII se hablaba habitualmente de un sensus spiritualis, en contraposición a un sensus carnalis, de un sensus cordis, un sensus animae y un sensus intellectualis, porque los sentidos espirituales eran modalidades de un conocimiento intelectivo de carácter experimental. No se trata entonces de una simple metáfora, sino de una analogía donde lo semejante no es lo “sensorial”, sino la “impresión” de la realidad…

El adjetivo “espirituales”, por su parte, nos recuerda que no se los puede definir con exactitud, ya que estas realidades solamente pueden ser descriptas negativamente o mediante símbolos que nos las sugieren, que nos dicen como serían, pero sin decirnos lo que son. Por eso fueron entendidos de forma alegórica y mística. San Bernardo suele hablar alegóricamente, aunque no siempre, en particular por lo que se refiere al sentido del gusto; y Guillermo de Saint Thierry lo hace unas veces en sentido alegórico y otras en sentido propiamente místico:

“El alma tiene también sus sentidos, como los tiene el cuerpo… Como los cinco sentidos corporales son el lazo de unión entre el cuerpo y el alma, los sentidos espirituales aseguran por la caridad la unión entre el alma y Dios. Por lo cual, dice el apóstol: “No os conforméis a este siglo sino transformaos por la renovación de vuestros sentidos. Para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta” (Rm 12, 2). El texto nos da entender que por los sentidos corporales envejecemos conformándonos al mundo, mientras que por los sentidos del alma nos rejuvenecemos por el conocimiento de Dios en vista de una vida nueva, conforme a la voluntad y al beneplácito de Dios”

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