La vocación

La vocación se escucha en lo profundo del alma. Suele diferenciarse de un simple gusto o inclinación porque nace suavemente, se profundiza casi imperceptible y luego, con el tiempo, toma por entero el corazón.

Es una invitación de Dios a desplegar en la vida aquel don particular que nos ha brindado. Se nos llama a un hacer específico que nos involucra en la raíz de lo que somos.

Aceptar el llamado permite que nuestra profundidad se expanda en el mundo de los demás, que lo que somos realmente se lleve a cabo; empieza a consumarse en nosotros el Plan Divino.

Pero escuchar el llamado no es fácil, por el ruido interior y exterior en que estamos inmersos y menos aún atreverse a decir Sí, entregarse por entero en las manos de Aquel que nos creó y nos conoce más que nadie.

Una vocación particularísima es la del sacerdocio, porque implica la función de puente, de nexo entre lo humano y lo celeste. El puente no está hecho para destacar, nadie se detiene en el medio. Todos buscamos la otra orilla, el llegar a destino. Transitamos por el puente inadvertidamente.

Por eso el sacerdocio cotidiano suele ser un trabajo sin estridencias, lejos de “la gloria del mundo”, una paciente artesanía de las almas, un servicio dedicado, humilde y sentido.

En medio del tumulto y de la agitación del mundo actual, cobran especial relevancia testimonios de fidelidad y entrega a la palabra dada. Ejemplos de vida perseverante, que atravesando la cultura de lo efímero, manifiestan el misterio de la vocación personal.

Queremos rendir nuestro pequeño homenaje a un sacerdote íntegro, a un pastor ejemplar. En más de cincuenta años de sacerdocio, Padre Donato ha sido fiel a aquella voz que lo llamó a ser apóstol.

Quienes lo conocen más de cerca cuentan que en el confesionario se destacan su delicadeza y disponibilidad, su celo por cuidar el alma que busca el perdón. Mediante su atenta escucha se transparenta el abrazo misericordioso de un Dios que es siempre Padre.

Este sacramento le ha permitido conocer de cerca el dolor del alma humana, su caída y su miseria, pero también su anhelo de redención y la elevación que resulta del arrepentimiento sincero. Tal vez ese conocimiento íntimo del misterio de la salvación es el que pone en su mirada ese brillo especial, esa calidez y apertura.

Asistir a la Eucaristía por él celebrada es presenciar el secreto de la familiaridad con Cristo. La devoción con que oficia el sagrado misterio enciende y aviva en el propio corazón el amor por Jesús. En sus movimientos pausados, en la unción con que toma los objetos sagrados, en la sencillez y profundidad de sus homilías se hace presente la serenidad y la paz de quien vive por y para Dios.

Su fidelidad se expresa también con los amigos. Cada año suele pasar unos días con otros sacerdotes cultivando la amistad espiritual que los une desde la época del seminario.

Hace pocas horas Padre Donato ha cumplido 80 años. Su vida nos muestra que es posible responder con valentía el llamado a la santidad que como cristianos tenemos.

«Ser sacerdote, hijo mío, es ser otro Cristo.

Para ser otro Cristo no hay más que un camino: El del calvario.

Comprométase sin desaliento. Él le ayudará.» *

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Pequeño homenaje de Hesiquía Blog a Padre Donato,

realizado con la ayuda de las Monjas del Abba Padre

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Links:

Año Sacerdotal

Diócesis de Cruz del Eje

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