Camino a la experiencia

Mosaico de Jesucristo Pantocrator en Iglesia de Sta. Sofía – Estambul

Existe una radical diferencia entre la vida espiritual orientada por la creencia, de aquella que tiene su fundamento en la experiencia.

Pero la creencia es el camino a la experiencia. Del mismo modo que la duda precede a la creencia, la fe está antes que la experiencia de lo divino.

La mera creencia se transforma en fe cuando se la lleva a la práctica, cuando se la vive. Y si esta práctica es sostenida de manera perseverante, se accede a la experiencia.

Cuando se vive la experiencia de lo divino, ya no se cree, se sabe. Se vive en la intimidad del corazón la prueba irrefutable. Se instala la certeza.

Esta forma de evidencia es personal y aunque intente transmitirse, solo puede traducirse.

Si alguien se siente estancado en su vida espiritual, debe revisar la conducta, su práctica de vida, es decir la coherencia entre lo que hace y la fe que profesa. Si digo que creo en Cristo y no intento poner por obra su doctrina, lo más seguro es que antes o después, pierda la fe.

La vida espiritual no es lo mismo que ir de compras, en donde uno pone algo (dinero) y recibe algo a cambio (el objeto). La plenitud de la experiencia humana, la vida gozosa de la gracia está disponible, lo que se requiere es interesarse en ella; buscar lo esencial cada día y no dedicarse a secundariedades.

Si me preocupo en demasía por lo accesorio no podré concentrarme nunca en lo importante…y entonces la vida pasa rápida, espasmódica, algo turbada, como una mala siesta en una tarde calurosa.

“Diálogos sobre la experiencia de lo divino”

Texto en preparación, propio del blog

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