Interiorizarse

Estimada hermana, le saludo invocando a Jesucristo.

Hay que convencerse: siempre habrá esto o lo otro por hacer en el mundo; la casa, la familia, la vecindad, la parroquia, los requerimientos habituales tales como pagar, comprar, trámites etc.

Lo que hay que hacer es interiorizarse en medio de las actividades, las cuales por supuesto, deben ser reducidas a lo mínimo que se pueda, si la vocación de uno es contemplativa.

Recuerde esto: aquello a lo que le damos atención, crece. La atención incluso, es muchas veces el vehículo de la gracia divina. Por eso, hay que poner todo el interés, el amor que podamos encontrar en nosotros en solidificar la vida de oración, esto es el contacto íntimo con Dios, para que lo que vayamos haciendo con el cuerpo y la mente, (las actividades todas) no nos separe de la conciencia de hijos de Dios.

De hecho, sucede muchas veces, que aunque creemos que lo más importante para nosotros es Dios, nuestra conducta muestra que lo son otras cosas, ya que nuestra acción y nuestra atención (preocupación etc.) permanece en otros temas.

Hay que recordar, que todo lo que aquí consigamos, se perderá por completo el día en que dejemos este mundo para ir al otro. Por lo tanto, lo de allá (lo celestial) es lo que más hay que cultivar. Y lo celestial no es solo el Paraíso, como morada futura, sino nuestro estado presente ya aqui, del que muchas veces permanecemos ignorantes.

Así es que no se trata de no hacer lo que nos pide el deber de estado, sino estar atentos a medir lo que nos compete de lo que no y que podemos prescindir (en cuanto a las actividades exteriores) y de hacer lo que nos toca (que nos manda Dios por los acontecimientos) atentos a Su presencia o a la oración interior.

Porque si contamos con Su ayuda, si confiamos en Su voluntad que todo lo abarca; estas actividades serán hechas con bien y además tranquilamente, sin agitación ni ansiedad.

Lo que nos saca de la ermita interior, no es el hecho en sí, sino estas inquietudes que derivan de la falta de abandono en la voluntad del Señor.

Te mando un saludo de hermanos en el amor de Cristo.