Día 19 – En la flaqueza se perfecciona mi poder

“Orad sin cesar”

Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”

Para el 9 de septiembre

“—La oración interior —dijo él—, es cosa difícil y aun casi imposible para los que viven en el mundo; aun para que hagamos sin pereza la oración ordinaria tiene que ayudarnos el Señor con todo su favor.

—No habléis así, repliqué. Si fuera una empresa que sobrepuja a las fuerzas humanas, Dios no la hubiera exigido a todos.

En la flaqueza se perfecciona mi poder, y los Padres nos ofrecen medios que facilitan el camino a la oración interior.

—Nunca he leído cosa alguna referente a esto, dijo mi interlocutor.

—Si queréis, yo puedo leeros algunos extractos de la Filocalía. Tomé este libro, busqué un pasaje de Pedro Damasceno en la tercera parte, y leí lo que sigue: «Debemos ejercitarnos en invocar el nombre del Señor, más que en la respiración, en todo momento, en todo lugar y en toda situación.

Orad sin cesar, dice el Apóstol; y con estas palabras enseña que nos hemos de acordar de Dios en todo tiempo, en todo lugar y en toda ocupación.

Si haces alguna cosa, has de pensar en el Creador de todo lo que existe; si ves la luz, acuérdate de quien te la dio; si te acontece contemplar el cielo, la tierra, el mar y las cosas que en ellos están contenidas, admira y glorifica a Aquel que las creó; si te pones un vestido, piensa en Aquel a quien se lo debes y dale gracias por él, a Él que provee a tu existencia.

En una palabra, que todo movimiento te sea motivo para celebrar al Señor, y así orarás sin cesar y tu alma estará siempre en la alegría.»”

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Breve comentario y ejercicio 

Estimad@s en Cristo Jesús.

Os proponemos para hoy, comenzar la lectura del 4 ° relato de El peregrino ruso, que ya ayer comenzamos a postear, debido a la brevedad del 3° relato.

Particularmente tratar de leer hasta “Una familia ortodoxa” inclusive. Esta lectura efectuarla de modo orante, es decir con una disposición interior similar a la de la oración, abriendo el corazón para que el texto nos hable a nosotros, para que la gracia actúe quizás en el alma a través de lo que leemos.

Nos acercamos a los últimos diez días del ejercicio espiritual, sería bueno que definamos personalmente de que manera trataremos de acrecentar la práctica de la oración de Jesús en este fase final del ejercicio.

Algunos pondrán la fuerza en el momento de la recitación sentados, buscando la concentración a través de la quietud corporal. Otros, agregarán a eso la atenta escucha de los latidos del corazón, o se dejarán guiar por la respiración, para darle ritmo a la oración.

Habrá quienes la formulen caminado, con la mente o con la voz, buscando con el movimiento apaciguar inquietudes para poder liberar así la oración.

No faltan los hermanos que la recitan como pueden, en medio de las tareas laborales de la jornada, bendiciendo a otros con la mirada o con la mente, o utilizándola como escudo ante los embates de la violencia reinante en las relaciones humanas.

Seguramente están quienes la utilizan como llave para abrir y cerrar actividades, como un modo de consagrar lo por venir ya desde el presente y también participan aquellos que solo la recuerdan como un anhelo, que la cobijan como deseo para realizarla en el futuro.

Como sea, será bueno tratar de definir esa particular modalidad, que por ahora, en lo que resta del ejercicio, usaremos para entrenar nuestro espíritu en la apertura a la oración de Jesús.

La gracia fluye siempre, el amor de Dios nos espera, precisamos solamente centrarnos en Él.

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