Pacientes y persistentes

La atención transforma el ambiente en que vivimos

… Viene de un post anterior

Este -actuar con atención – hacia todo pero sobre todo hacia nosotros mismos, buscando dirigir nuestro comportamiento es de muy grande utilidad. 

La atención transforma el ambiente en que vivimos porque nos va convirtiendo en «hacedores de la paz», los sucesos que llegan a nosotros vuelven al medio que les dio origen convertidos en posibilidad de crecimiento.

Padre Valentín decía siempre que la atención lo vinculaba con la gracia divina. En ocasiones comparaba a la fuerza del Espíritu Santo con el aire. 

El aire está en todas partes, pero uno no respira bien… con el Espíritu es igual, no nos abrimos a su acción, no lo escuchamos, nos interesamos por otras cosas… _

Cuando lo conocí reinaba en mi la confusión, estaba muy desconcertado y vivía preocupado. No lograba serenarme. Sobre todo, era yo un esclavo de lo exterior; me lo pasaba buscando la mejor ocasión, acomodar esto otro, tener aquello, evitar eso que temía.

Mi forma de sentirme y mi bienestar dependían totalmente de lo que fuera a ocurrir. No había en mí rastros de independencia.

El me dijo que olvidara todo y que dejara de buscar y de darle vueltas al asunto. Me previno: 

Estás muy cerrado a la acción del Espíritu, has de empezar a vaciarte para que no te mueras antes de tiempo intoxicado con tus afanes y deseos de controlarlo todo. Tienes ya que poner atención en tu vida._

¿ Y cómo hago eso?  casi le supliqué.

_Cada cosa que hagas, cualquier actividad, tiene que servirte para abrir el corazón a la acción del Espíritu Santo. Esto lo harás con la atención, que te permitirá ejercer tu libertad para entregarte a Dios y entonces fortalecido, dejarás de ser prisionero de tus apetitos y de las urgencias derivadas de todo lo que temes._

Me dijo que no luchara más por lograr esta o aquella situación. Que diera mi asentimiento a todo lo que viniera dispuesto a cosechar en cada cosa «frutos del Espíritu». Y que esto no era difícil.

Se requería poner la atención en lo que tocaba hacer, haciéndolo del mejor modo posible evitando la dispersión de la mente mediante la oración interior continua.

Comentó que lo que más costaba era aceptar el hecho de que la felicidad tan buscada se encontraba tan a la mano (El Reino de Dios dentro de nosotros) y que no dependía de objetos externos o aconteceres determinados y deseados.

Esto no quiere decir que no podamos encaminarnos hacia objetivos o que no podamos trabajar para mejorar las condiciones externas, sino que la aceptación previa es necesaria. De ese modo, lo que hagamos será construcción (co – creación) y no fuga alienada de la situación.

Otra cosa difícil de aceptar era que habíamos mal acostumbrado nuestro cuerpo y nuestra mente durante muchos años y que debíamos ser pacientes y persistentes.

_Despejar la posada puede llevar un tiempo, hay que tirar muchos trastos inútiles…_

Continúa

Texto propio del blog

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