Día 6 – Ya no estaba en la indigencia

Escala al cielo

Para el 27 de agosto

«Obedeciendo a esta regla, pasé todo el verano repitiendo sin cesar la oración de Jesús, y sentí una gran tranquilidad.

Mientras dormía, soñaba a veces que estaba rezando la oración. Y durante el día, cuando me ocurría encontrarme algunas personas, me parecían tan amables como si hubieran sido de mi familia.

Los pensamientos se habían calmado y sólo vivía en oración; comencé ya a inclinar mi espíritu a escucharla, y a veces mi corazón sentía como un gran ardor y una gran alegría.

Cuando entraba en la iglesia, el largo servicio de la soledad me parecía corto y no me cansaba como antes.

ya no estaba en la indigencia, como antes; la invocación del nombre de Jesucristo me alegraba a todo lo largo del camino y todo el mundo me trataba con bondad; parecía como si todos se hubieran propuesto quererme».

de El Peregrino Ruso

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Breve comentario

Una vez cuando estaba hacía poco tiempo en este camino de oración, me estaba por ir a dormir y sentí una repentina alegría. Me puse a busca en mi interior la razón de aquel sentimiento y descubrí sorprendido que el motivo estaba en la oración de Jesús. Me daba gusto imaginarme que iba a estar bajo las mantas, repitiendo Su Nombre.

¿Era posible? ¿Cómo podía ser que ocurriera una cosa así? me decía. La confirmación vino a la mañana siguiente y en otros despertares sucesivos. Me despertaba contento porque sabía que tenía que ponerme a repetir la oración…

¡Que extraña es la vida! Haber tenido la posibilidad de la alegría tan a la mano y sin embargo tantas vueltas que di en tantas cosas sin hallarla… parece que San Agustín también vivió algo parecido, salvando las distancias claro.

Los sentimientos que describe el peregrino son reales y posibles para todos, muy particularmente el estado de amistad con todo, de afecto sin discriminación, de suave alegría regeneradora. ¡Es el cálido poder del Nombre de nuestro salvador!

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Ejercicio básico

El ejercicio sugerido para hoy consiste en repetir la frase elegida de la Oración de Jesús, cada vez que inicio una actividad y cada vez que la termino.

Por supuesto, que se trata de que intentemos llevarla con nosotros durante toda la jornada, pero hoy ponemos el énfasis en esto de utilizarla como «llave» que abre y que cierra los distintos actos que vamos desplegando.

Ayuda mucho a efectuar aquello de las acciones como si de liturgia se tratara, con reverencia y atención suma.  Esas dos frases, la que abre y la que cierra la actividad, las deberíamos repetir lentamente y con el mayor de los afectos, al tiempo que pedimos ayuda interiormente para santificar eso que vamos a hacer.

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