Dirección espiritual

Axis mundi

Se plantea con suma frecuencia la necesidad de la dirección espiritual. Se dice que esta es necesaria y hasta imprescindible si se pretende un verdadero progreso espiritual.

Sucede -se dice- que si uno se guía por si mismo puede incurrir en auto engaños, es decir, puede uno creer que está purificando su espíritu, que está acercándose a Dios y en realidad ocurrir lo contrario.

A su vez me digo: Nada me dice que a su vez, aquél en quién me confío sea idóneo o que no esté equivocándose él mismo. También me resulta en extremo difícil encontrar una persona que me parezca íntegra en grado sumo como para tomarla en la función de Padre espiritual… quisiera que me des tu opinión respecto a este tema.

Es un tema clave de mucho interés. Vamos por partes veo distintos puntos que planteas.

Si, creo que es muy necesaria la dirección espiritual, que uno tenga quién lo oriente en el camino hacia la unión con Dios. Y esto, sobre todo, por lo importante que es contar con una mirada que no sea la propia acerca de uno mismo. Por cierto, que esa mirada ha de ser bien intencionada y estar cargada de sincero afecto fraternal.

Considero que si la intención de quién orienta no está purificada, todo el proceso se enturbia. Sobre todo libre de la apetencia de poder sobre los demás. Porque una cosa es la paternidad espiritual y otra el ejercicio del dominio sobre los otros, que alimenta la vanidad y termina vampirizando al alma que se ha acercado.

Es cierto también que la posibilidad del engaño o del error simplemente, cabe tanto en la vía solitaria como en la asistida. Pueden equivocarse ambos sin duda, ese riesgo existe. Sin embargo, si se tiene al Evangelio como libro de cabecera es difícil no darse cuenta de si hay desvíos respecto de la línea ascendente en la escala espiritual.

Hay una norma de vida transparente y muy clara allí que nos permite cotejar las instrucciones que se reciben con la enseñanza del Salvador. El objetivo del acompañamiento espiritual no puede ser otro que ayudar a dar vida en  lo cotidiano al mensaje evangélico.

Enseñanza que aplicada con coherencia, brinda paz en el corazón, serena alegría, contento no dependiente, vigor para ayudar, claridad de mente, atención plena y otros dones.

Este otro tema que planteas de la dificultad en encontrar alguien idóneo tiene varias aristas. Me dijo un hermano monje el otro día, precisamente cuando tocábamos genéricamente el mismo tema: “El Padre no aparece si antes no hay quién se haga hijo”. Coincido con el.

Si uno se cree un sabelotodo se la va a pasar buscando director espiritual sin encontrarlo jamás. La búsqueda, que en un principio es genuina y favorecida por un impulso de la gracia, termina siendo un devaneo estéril afirmando los propios modos. Uno no puede ir con una vara de medir o de juzgar a buscar dirección espiritual.

Me parece que antes hay que orar mucho y pedir a Dios que nos facilite encontrar la persona adecuada y confiarse a ello. No quiere decir que uno no tenga que, mas o menos, acercarse a quién sienta con cierta afinidad espiritual, alguien que le inspire confianza sin forzamiento. Pero eso es una cosa y otra es buscar queriendo encontrar quién le diga a uno lo que se quiere escuchar.

Ha de encontrarse la disposición hacia la propia transformación. Tiene que saber uno que no va a seguir siendo el mismo al cabo de un tiempo de orientación; es necesario dejarse moldear por esa mano mas experta. No sin conciencia, pero con disposición dócil y correcta.

No apegarse a las propias ideas de como han de hacerse las cosas, porque si esas ideas fueran buenas o si hubiera uno mismo encontrado como llevarlas a la práctica, no se hubiera puesto a buscar orientación y guía para el alma. Es como si se olvidara desde donde se partió, desde una carencia de claridad, desde la confusión o la necesidad de ayuda.

No abundan los padres espirituales, es cierto. Muchas veces quienes tienen vocación para ello están sobrecargados de trabajo o inmersos en apostolados que no les son propios sino impuestos por las necesidades del lugar donde viven. Otros, se mantienen al abrigo y se dificulta encontrarlos.

Tampoco sobra hoy en día la profundidad de la mirada o el don de discernimiento, la sociedad actual ha hecho mella en todos los ámbitos cubriéndolos de cierta superficialidad…

Pese a ello hay muy buena gente dentro de la Iglesia a la que se puede acudir, con paciencia y tesón en el propósito. Hay que ser razonable y no pretender una dedicación excesiva hacia uno mismo. No confundir el impulso de búsqueda de un padre espiritual con el deseo de que a uno se le preste atención.

Una cosa más que me surge decirte es que conviene llevar notas de lo que se va viviendo, lo más destacado en el camino hacia Dios que el alma ha emprendido.

De este modo resulta más difícil caer en el engaño. Uno debe esforzarse para aplicar las indicaciones recibidas, esto habilita la posibilidad de recibir nuevas. Sino ¿a que acudiría uno al director espiritual nuevamente sino puso en práctica la mayor parte de lo sugerido?

A mi me han enseñado y a esto lo he comprobado: La gracia está siempre, fluyendo por decirlo así, desde el corazón del Padre. Se requiere de nosotros un trabajo ascético acorde a las propias fuerzas y condición para que esta pueda entrar en nosotros y transformarnos por completo en hijos de Dios.

Quizás ese sea el principal papel de un acompañante de almas; regular la ascesis necesaria para cada uno sin excesos ni tibiezas. Lo demás es entre Dios y el alma que lo busca.

Texto propio del blog

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