Perspectiva

Espinas de Cristo

Espinas de Cristo

El clima es fresco, la visibilidad amplia y profunda, la quietud extrema.

Un silencio total envolvía al aire que parecía corpóreo y de tan quieto, vivo.

Respirar era tan grato que más que inhalar el aire, lo bebíamos.

Los colores de las hojas y hasta las tonalidades y vetas de las piedras, resultaban nítidas, la percepción estaba como cambiada, desmedida.

Un ave de altura se deslizó planeando cerca, trazando semi curvas, esbozando quizá esquemas más complejos.

Bien a lo lejos el horizonte parecía curvarse y nos resultó fácil adivinarnos pendiendo, colgados del planeta.

Esta repentina conciencia de orbe contenido y universo conteniendo, nos situó imprevistamente en el centro de una pequeñez perturbadora.

Sin volición alguna nos pareció ser, en ese instante, el centro de la humanidad sufriente y nos sentimos vibrar con un clamor de siglos.

Arreciaba la belleza en el entorno y mientras mas anochecía mas hermoso se ponía. Pese a todo nos sentimos forasteros, sitiados por enraizada nostalgia.

Es que no se puede concebir tanta belleza sin la inexplicable sustancia que a todo lo contiene y es allí donde se nos desnudaba la carencia.

Porque en el marco de la nada nos abrumó Su Presencia, que indisoluble se cernía y se posaba, convergiendo entre lo solo y lo silente.

¡Abrázanos Señor y llévanos contigo para siempre!

Texto propio del blog