Día 24 – Hacia la dicha inefable

Icono de San Juan Crisóstomo

Ejercicio espiritual sobre “El peregrino ruso”

Para el 14 de septiembre

” … Tenía un libro excelente de Gregorio Palamas sobre la oración de Jesús. Lo leía casi de continuo y hacía un poco la oración. 

El ruido que armaba el chico me resultaba muy desagradable, y ninguna medida ni castigo alguno conseguían de él ninguna enmienda. Acabé por inventar un medio: le obligué a sentarse en el cuarto en un banquito pequeño y a repetir allí la oración de Jesús.

Al principio esta medida le resultaba tan violenta que, para no cumplirla, callaba. Mas para obligarle a ejecutar mi orden, llevé unas varas a casa. 

Cuando él rezaba la oración, yo leía tranquilamente, o escuchaba lo que él decía; pero en cuanto se callaba, yo le mostraba las varas, y temblando de miedo comenzaba de nuevo el rezo.

Esto me hacía mucho bien porque por fin en mi casa comenzaba a haber calma y silencio. Pasado algún tiempo, pude ver que ya no era necesaria la amenaza de las varas:  ejecutaba mi orden con gusto y mucha alegría; más tarde, su carácter cambió completamente; empezó a ser suave y tranquilo y cumplía mucho mejor con los trabajos domésticos.

Yo me alegré mucho y empecé a darle mayor libertad. ¿Cuáles fueron los resultados? Pues que se habituó tan bien a la oración que la repetía sin cesar y sin que yo tuviera que obligarle a ello en modo alguno.

Cuando le hablaba de ello, me respondía que sentía unos deseos irrefrenables de recitar la oración.

»—¿Qué sientes cuando rezas?
»—Nada especial; pero me siento bien cuando rezo la oración.
»—¿Pero cómo, bien?
»—No sé cómo explicarlo.
»—¿Te sientes alegre?
»—Sí, me siento alegre…

¡Dios de bondad!, me dije yo. ¡Qué maravillosos efectos del poder divino se descubren por esta oración! ¡Qué edificante y profundo es este relato; las varas enseñaron la oración a ese muchacho y le dieron la felicidad!

Las desgracias y tristezas con que nos encontramos, ¿qué otra cosa son sino las varas de Dios? ¿Por qué temer, pues, cuando la mano de nuestro Padre celestial nos amenaza con ellas?

Él está siempre lleno de infinito amor para con nosotros, y estas varas nos enseñan a orar con mayor fervor y nos conducen a la dicha inefable…”

del 4° relato en “El peregrino ruso”

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Breve comentario y ejercicio

Estimad@s en Cristo Jesús.

A partir de mañana, vamos a ir agregando algunos párrafos que nos parecen de mucho interés de los últimos tres relatos del peregrino ruso. Son escritos unos años después, al parecer por un staretz del monasterio de Optino, que fue el lugar en el que se alojó y, al parecer, terminó sus días el peregrino. 

El ejercicio que os sugerimos para hoy es el de la práctica de la presencia de Dios especialmente en una actividad concreta que elijamos.

De entre todas nuestras actividades, elijamos una y apliquemos allí el mayor esfuerzo de atención para permanecer en oración incesante y, a la vez, tratando de hacer esa actividad en el sentimiento de Su presencia.

Hay varios textos que pueden servirnos y que tenemos a mano para apoyarnos en esta tarea, a los cuales iremos enlazando debajo.

Los días que quedan, nos centraremos en esto: Acostumbrarnos cada vez más a la oración de Jesús como apoyo para vivir en la presencia divina.

¿Que es vivir en Su presencia? ¿Cómo se manifiesta en lo cotidiano? ¿Cómo se manifiesta en mi particularmente?

Trataremos juntos de avanzar en esos interrogantes. Un saludo fraterno, invocando a Jesucristo.

La práctica de la presencia de Dios

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Links:

Monasterio Católico Bizantino

Fraternidad Sta. María del Encuentro

La Exaltación de La Cruz