El sentido de la ascesis

El estado del alma, la disposición interior en que nos encontramos, “forma” el mundo que vemos. Este emplazamiento que es corporal, mental y espiritual, genera la mirada con la que percibimos la vida, las cosas, a los demás y a nosotros mismos.

Por supuesto nuestra fe en Dios, la experiencia íntima que de Él tenemos, la percepción de Su presencia en lo cotidiano y de Su participación en el discurrir de los eventos humanos, también resulta abarcada por este modo de ser y estar que genéricamente llamamos estado del alma.

Pero nuestro ánimo se nos presenta variable y en ocasiones, errático.

Muchas veces queremos orar o ejercer la caridad o atravesar con alegría las circunstancias adversas y se nos opone “el peso” del cuerpo. Algún otro día, sin aviso previo, pareciera no acompañarnos el corazón; como si se hubiera extrañado de nuestras pautas, nos muestra como agreste y árido lo que ayer era oportunidad para la devoción y el crecimiento en la fe.

Y no pasa demasiado tiempo sin que la mente misma, mal llamada razón, nos argumente en contra de lo que antes nos parecía sólido como la roca.

Es ante esta situación del ser humano y reconociendo la debilidad inherente a nuestra condición caída, que desde antiguo los padres han recomendado el seguimiento de una ascesis para elevar y estabilizar el alma y pre disponerla a recibir la gracia del Espíritu Santo.

Esta es una de las maneras en que puede formularse el sentido de la vida cristiana: la adquisición del Espíritu Santo. Es lo que en la teología oriental se ha llamado theosis o divinización del hombre. Se describe como la experiencia aquí, en esta vida terrena, de algunas de las primicias del cielo.

Se habla de una situación de familiaridad interior con la gracia que permite llevar adelante una vida apacible, virtuosa según la enseñanza evangélica y en comunión con Dios y su creación. Herman@s en Cristo, esto es posible.

La fe puede pasar desde la creencia hacia la certeza y esta última devenir experiencia de lo divino. Pero hemos de atravesar la puerta estrecha.

Hemos de aunar gracia y libertad. Dios hace su parte siempre, nosotros solemos atender en otras direcciones. Nos dejamos encandilar con espejismos, perseguimos vanidades, aplicamos energía a lo superfluo, solemos ser distraídos… olvidamos con frecuencia que la vida nos ha sido dada y que ciertamente no nos pertenece.

El estudio asiduo de la escritura abriéndonos al maná espiritual que su significado devela, la unción en la vida cotidiana a manera de constante liturgia y la práctica asidua de la oración de Jesús, que progresivamente va descendiendo al corazón, son las manifestaciones más evidentes del estado espiritual antes descripto.

A eso apunta nuestra ascesis, por ello nos desvelamos y eso rogamos. Invoquemos juntos el Nombre del Salvador para que nos asista y podamos caminar juntos hacia la ermita interior.

Recomendado para Lectio: Hebreos 13, 14-15 / Jn 1, 1-18

Texto propio del Blog

Extraído de elsantonombre.wordpress.com publicado originalmente el 30/12/11