Descansar en Dios

Cuando uno ha pasado alguna etapa difícil, un poco alejado de la espiritualidad que se había planteado, tal vez un poco olvidado de Dios, atareado en muchas cosas rápidas y del día a día… o si uno ha estado particularmente confuso, crispado, con problemas varios; lo mejor es hacer borrón y cuenta nueva.

No someterse a exhaustivos recuentos de males y bienes, como si tuviera que hacerse el debe y el haber de un registro contable. Lo mejor es hacer con el alma lo que suele hacerse con el cuerpo fatigado y exhausto: Respirar hondo y tranquilo varias veces, pegarse un buen baño, comer despacio cosas livianas y nutritivas y sentarse al fresco ante la mejor vista posible de la que uno disponga.

Uno deja el equipaje, se cambia las ropas gastadas, se pone fresco, toma algo tonificante… llevar esta analogía al alma.

Dejar las consideraciones sobre lo hecho, al menos por el momento. Suele suceder que haciendo recuentos, terminamos enredados nuevamente en los pensamientos que trajeron las distracciones. Situarse en el momento actual y centrarse en muy poco.

La oración de Jesús o una oración de nuestro agrado que sea simple, corta y que coincida con el sentimiento que tenemos. Y aferrar la mente a ella. Pero no con violencia o tensión, sino como invitando a los pensamientos a reunirse en torno a ese fuego cálido y suave de la oración interior.

Atender a que si respiramos profundo y suave, también se aquieta la inquietud mental y a la inversa. No hay prisa, tranquilo, lo esencial no son muchas cosas. El Señor sabe lo que sucede en ti. Descansa. Recuéstate en Su seno, como hacíamos cuando pequeños en el regazo de nuestra madre.

Reencontrarse con la intención más íntima de uno, que no es otra que la de todos: Que todo salga bien, que no haya sufrimiento, hacer lo mejor posible, liberarse del miedo… que todos estén mejor. Entregarle ese anhelo a Dios. Él lo sabe, pero uno lo entrega igual, como si fuera una ofrenda cariñosa.

Aquí tienes Señor de los cielos, vida del corazón..! Permanezco atento a la brisa y a los grillos que acunan la noche naciente.

Texto propio del blog.