Sobre la depresión

Melancolía,1894-95, del pintor noruego expresionista, Eduard Munch.

Hermano, dígame unas palabras sobre la depresión, esa forma tan aguda de tristeza y desinterés por todo.

Es interesante examinar esta “ausencia de presión” a que alude la palabra con la que se designa el padecimiento. Se considera el estado normal de la persona este estar presionado hacia afuera, de tal manera que se hacen muchas cosas y se está interesado por una variedad de temas y hay metas y proyectos. En ese sentido hay una “presión” interior que se manifiesta como actividad, una vida en movimiento.

Entonces, yendo de a poco, la de-presión sería una ausencia de tonicidad, una falta de entusiasmo muy grande, un desinterés como bien dices. Una pérdida acusada de la vitalidad. En topografía por ejemplo se habla de la “depresión del terreno”, cuando este se a hundido,cuando está debajo de la línea general.

Pero yendo al punto, creo que lo primero es determinar la causa por la cuál alguien se encuentra en ese estado deprimido.

No son pocos los místicos que han pasado por una profunda depresión anímica, antes de su momento de iluminación, o de percibir la realidad de Dios como presente en esta vida. Antes de su acceso al cielo que está en nosotros y fuera de nosotros, parecieron ver lo contrario, se sumieron en profunda oscuridad.

Tiene lógica, porque antes de abrazar lo eterno, suele producirse el necesario abandono del apego a lo terreno. Y este desapego surge de un haber comprendido que nada de lo del mundo puede llenar el vacío en el corazón del hombre.

Hay una etapa en la vida de numerosos santos y ascetas conocidos, en la cual aquello que los motivaba deja de impulsarlos. Si estaban en un apostolado, este se les presenta como carente de significado. Si vivían vida mundana y materialista, descubren que ni el dinero ni el amor humano lograrán darles paz duradera. Si gozaban de renombre, caen en la cuenta de la fatuidad de la aprobación ajena, cuando esta se hace la meta de las acciones.

En este sentido, entonces, puede que la causa de una depresión anímica sea la etapa espiritual que se vive, en la que abandonando los viejos intereses, no se logra aún ver el alba de lo nuevo.

Es interesante Padre lo que dice, pero no creo que sea la razón mas habitual de la depresión hoy en día…

Estás en lo cierto. Hablando ya en términos mas generales, la depresión puede ser vista como una respuesta inadecuada a la frustración de algún deseo.

Hace mucho tiempo un amigo comentaba acerca de lo que serían respuestas alienadas a lo que ocurre. El decía, dando un ejemplo, que si uno se encontraba ante un muro y de repente veía que esa pared comenzaba a desplomarse encima de uno, surgían dos respuestas probables:

O se emprendía rápida carrera alejándose del muro que caía o se ponía la persona a gritar y entonces era aplastada por la muralla. La primera sería una respuesta acertada, ya que evitaba el peligro, la segunda un muy ineficaz modo de afrontar el problema. Bien, la depresión, sería, desde este punto de vista, ponerse a gritar frente a lo sucedido.

Es una especie de ritual anímico, que pareciera esconder un reclamo a la vida por no haber producido esta lo que se anhelaba. Esta variante es de lo más común.

El muchacho por ejemplo es abandonado por su novia y se sume en depresión. Es decir, perdido el objeto de su deseo, deja de moverse, ya nada le interesa.

Pero detrás de esta conducta, parece manifestarse un reproche a la vida. Es como si el deprimido dijera… “Ah bueno, entonces no haré mas nada, ¡verás como soy capaz de abandonar todo!”. El suicidio claro, sería el extremo de esta conducta de reclamo.

Una observación de interés que nos puede servir para aprender de nosotros mismos es: en general se deprime el que puso el valor en algún objeto, sea este del mundo interior o exterior. Cuando el énfasis se ha puesto en el hacer o en el tener y no en el Ser.

Atiende al jugador en un deporte de competencia por caso: Cuando tiene chances de ganar se lo ve motivado y activo, pero cuando el resultado muestra a las claras la imposibilidad de alzarse con el triunfo, baja los brazos y juega de compromiso esperando el fin del juego. Allí, la valoración estaba en el triunfo y no el juego por si mismo.

Distinta a la reacción de aquél que aún sabiéndose perdido, pone lo mejor de sí por el gusto del “hacer lo mejor posible en todo momento”.

Hay un hacer ceremonial, un anhelo de perfección que va mas allá de los resultados y que puede colmarnos desde ahora mismo…

Continúa en estos días.

Texto propio del blog

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