La crisis es moral

El evangelio puede orientar la economía mundial

de Radio Vaticana 24/10/11

El Consejo Pontificio Justicia y Paz propone la creación de una Autoridad pública mundial que acometa una reforma de un sistema financiero mundial “que ha demostrado comportamientos egoístas, avidez colectiva y acaparamiento de bienes a gran escala”, que han hecho tambalear el “bien común y el futuro mismo de la humanidad”.

Esta mañana se hizo pública la nota del Pontificio Consejo Justicia y Paz titulada “Por una reforma del sistema financiero y monetario internacional en la prospectiva de una Autoridad Pública con competencia universal”. La presentación estuvo a cargo del cardenal Turkson, y Mons. Mario Toso, respectivamente presidente y secretario del dicasterio responsable de esta nota.

La propuesta de la constitución de una Autoridad mundial, como “único horizonte compatible con las nuevas realidades de nuestro tiempo”, es la contribución que el Pontificio Consejo quiere ofrecer a los responsables mundiales y a todos los hombres de buena voluntad, frente a la actual crisis económica y financiera mundial, que “ha demostrado comportamientos de egoísmo y avidez colectiva y de acaparamiento de bienes a gran escala”.

“Está en juego el bien común y el futuro mismo de la humanidad” advierte la nota denunciando que más de un millón de personas viven con poco más de un dólar al día y que las desigualdades en el mundo han aumentado extraordinariamente “generando tensiones e imponentes movimientos migratorios”.

Citando al político y filósofo inglés Thomas Hobbes, se advierte que “si no se pone remedio a las diversas formas de injusticia, los efectos negativos que se producirán a nivel social, político y económico estarán destinados a originar un clima de hostilidad creciente, e incluso de violencia, hasta minar las bases mismas de las instituciones democráticas, aún de aquellas consideradas más sólidas”.

Se analizan también las causas de una crisis provocada por “un liberalismo económico sin reglas y sin control”. La nota denuncia “la existencia de mercados monetarios y financieros de carácter prevalentemente especulativo dañinos para la economía real, especialmente la de los países más débiles”. De igual forma se responsabiliza a las estas burbujas especulativas de la crisis de solvencia y de confianza que han provocado consecuencias nefastas para millones de personas.

Una crisis causada principalmente por el utilitarismo, el individualismo y la ideología de la tecnocracia que tiende a minimizar el valor de las elecciones del individuo. Pero la raíz de la crisis es sobre todo de naturaleza moral, porque la economía necesita a la ética para su correcto funcionamiento. En esa perspectiva se inscribe la propuesta de una serie de medidas de tasación de las transacciones financieras para “contribuir a la constitución de una reserva mundial que sostenga a las economías de los países golpeados por la crisis y al saneamiento de sus sistemas monetarios y financieros”.

La nota plantea la hipótesis de “una reforma del sistema monetario internacional” para crear una entidad de control monetario global, dado que actualmente el Fondo Monetario Internacional ha perdido su capacidad de garantizar la estabilidad de las finanzas mundiales. Se trata de encontrar formas eficaces de coordinación y supervisión en un “proceso que debe incluir también a los países emergentes y en vías de desarrollo. La nota insiste en la necesidad de fijar un mínimo de reglas para gestionar un “mercado financiero global que ha crecido mucho más rápidamente que la economía real”, todo ello gracias a la abolición generalizada de controles sobre los movimientos de capital” y por la desregulación de las actividades bancarias y financieras”.

En este contexto se hace urgente la exigencia de un organismo que desarrolle las funciones de una especie de “Banco Central Mundial”, que regule el flujo y el sistema de los intercambios monetarios, con el mismo criterio de los Bancos centrales nacionales. Ya en 1963, el beato Juan XXIII había planteado la creación de una Autoridad pública mundial. Y en la misma línea Benedicto XVI ha expresado la necesidad de su constitución frente a la creciente interdependencia de los Estados.

Se trata, explica la nota, de una Autoridad supranacional que no puede ser impuesta por la fuerza, sino que debe ser resultado de un acuerdo libre y compartido, implicando coherentemente a todos los pueblos, y en el pleno respeto de sus diversidades. Los gobiernos no deberán servir incondicionalmente a esta Autoridad mundial, sino que sería ésta la que debería estar al servicio de los distintos países miembros, según el principio de subsidiariedad. Sobre todo se propone una Autoridad que adopte políticas y elecciones vinculantes que haga posible “una justa distribución de la riqueza mundial incluso a través de formas inéditas de solidaridad fiscal global”.

La nota pone su énfasis final en la exigencia de “dar un sentido al futuro de las generaciones venideras, porque “sólo un espíritu de concordia, que supere las divisiones y los conflictos, permitirá a la humanidad el ser auténticamente una única familia, hasta concebir un mundo nuevo con la constitución de una Autoridad pública mundial, al servicio del bien común.

Pontificio Consejo “Justicia y Paz”

Aquí el texto completo

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