Una particular ascesis II

Vía Crucis – El Greco –

Fragmentos…

–          Si, un tema muy importante en el desarrollo espiritual, me parece tiene que ver con este no reaccionar, este no actuar de manera refleja ante los acontecimientos. Este no permitirse ir detrás de los estímulos que nos van impulsando de aquí para allá. Uno debe tener un centro, una meta clara y priorizar eso, lo demás luego.

Si tienes oración o tienes planeada esa tarea, permanecer en ello. Atenerse al plan que tienes trazado o que te han fijado si fuera el caso de seguir a un director espiritual. Que solo cuestiones muy importantes, que realmente lo merecen, te alejen de lo que tienes propuesto.

–          Usted me habló también Padre, el otro día de la actitud positiva, de la coherencia y del hacer enfocado, concentrado, ¿podría referirse un poco a esos puntos?

–          Claro, primero la actitud. ¿Qué es la actitud? Es la manera en que estoy plantado, el modo en que recibo los hechos que acontecen y la forma en que voy hacia las cosas, personas o tareas. La actitud es la forma en que me ubico. Supongamos… que viene un amigo, tira la taza con té que le has servido, se derrama todo sobre los papeles que estabas ordenando, se hace un pequeño desastre.

Si estás emplazado en actitud positiva, de inmediato proporcionas las cosas, adviertes que no es el fin del mundo, que nada grave sucedió. Te lo tomas bien, limpias rápidamente y sin fastidio, alivias a tu amigo diciéndole que no se preocupe, que no ha sido nada, etc. En cambio la actitud negativa la conocemos más ¿verdad? Es ese fijarse solo en uno y estar tan metido en lo que a uno le importa que cualquier contratiempo nos saca de quicio y nos fastidiamos o encolerizamos con lo que ocurre que sea imprevisto.

La actitud es un modo de ponerse, un modo de estar ante todo y debe ser positiva. Implica un cierto contento, una alegría de trasfondo en el transcurrir de uno. La actitud positiva consiste a mi modo de ver en encontrarle a todo lo que tiene de útil y en proporcionar adecuadamente las cosas. Desde esa mirada, la taza y el té derramado vienen a ser una oportunidad para fortalecerte en la paciencia y en la caridad hacia el amigo.

Que todo lo que suceda, al llegar hasta mi, reciba un aire de mejoría, de servicio, de bondad. Es el que se llamaba buen talante en alguna época y creo que en los Evangelios vendría a ser la mansedumbre.

Ahora claro, para mantenerse en esa actitud y que sea algo espontáneo y no un rol que uno se dispone a ejercer, es imprescindible la fe profunda en la voluntad de Dios. Uno debe hacerse consciente de que Su voluntad está tejiendo las hebras de los sucesos, de que todo hecho por extraño o inútil que parezca viene a cumplir una función en su plan de redención. Uno debe estar entregado a Él y desde esa entrega, el humor pacífico, sereno, el contento y la mansedumbre no son difíciles.

–          Está muy claro. Vamos con aquello de la coherencia, entiendo la palabra, pero usted ¿a qué se refería?

–          Todos tenemos lo que se ha llamado la voz de la conciencia. Sabemos lo que en nuestra vida, está ajustado a ella y lo que no. Tenemos áreas en las cuales no nos sentimos coherentes. Me refería a que sobre cada temática tengo una idea de lo que sería mi deber o lo que estaría correcto que hiciera. Ser coherente es hacer lo que pienso y siento que estaría bien hacer. No contradecir con mis actividades, con mis conductas, lo que creo que debe hacerse.

Ser coherente es unificarse. Es tener una línea, mantenerse fiel. Esta claro que uno se equivocará, que habrá errores y caídas, pero la coherencia no es solo un acuerdo interior es también una búsqueda. A veces sale bien a veces no, pero quiero ser coherente y eso ya me va llevando.

En nuestro caso, la buena nueva contenida en los Evangelios, el mensaje de Cristo nos dice claramente a que normativa ajustar nuestra vida y a que espíritu imitar. No nos dice solo lo que debe ser hecho sino desde donde, con que intención y espíritu. Ser y hacer lo que uno considera que debe ser y hacer, a la luz que brinda la voz de la propia conciencia.

–          Bien, está sintético y claro. Simple de entender no sé si de hacer.

–          Depende mucho del deseo que tenga uno de ser fiel al propio corazón y a la propia vocación…respecto del hacer enfocado… me refería a una particular cualidad que en ocasiones tiene la acción personal, que no es indiferente a lo que venimos diciendo, es decir, que la actitud positiva y la coherencia contribuyen sin duda a que se manifieste este nuevo modo de hacer. Este hacer concentrado es algo verdaderamente no reactivo.

Es marcadamente intencional. Sobre todo si se hace práctica constante de vida. Hacer cada cosa que hago poniendo la totalidad de mi atención y mis fuerzas en ello, es hacer como ofrenda, como agradecimiento por la existencia. Es un ponerse íntegro en cada acción, sin mezquinar para uno divagues o especulaciones o tibiezas. Es un hacer total.

–          Dígame algo más, no parece fácil.

–          Es hacer todo ante Su mirada y por lo tanto con sumo esmero. Es darse a la acción por entero, sea esta una oración, un momento de quietud, un apostolado muy activo, un lavar la vajilla, un dialogar… es un estar involucrado completamente en la búsqueda del mejor hacer posible.

Es un no quedarse nunca con la sensación de que podría haberlo hecho mejor. Es un buscar la perfección, sabiendo que esta no es alcanzable en su totalidad; pero si no se la busca con ahínco, la vida de uno tiende a la medianía de lo gris. Es entender la conducta personal como una ofrenda al que nos dio la vida, como una pintura, una escultura, como una forma de abrazarlo desde la pequeñez.

aquí la 1º parte

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