De la creencia a la experiencia (I)

¿Cómo pasar de la creencia a la experiencia de Dios? Es decir desde la idea, el concepto o lo que me han dicho a una íntima certeza?

El paso de la creencia a la experiencia de Dios es la finalidad de la búsqueda y por lo tanto de la vida misma del Cristiano. Esta experiencia de Dios es la perla preciosa, el tesoro escondido y el mismo reino de los cielos por el que vale la pena dejar todo lo demás. MT 13:44-46. Esta búsqueda de la experiencia de Dios es la causa que dota de sentido a la vida del Cristiano y a lo que todo lo demás debe estar subordinado; es el mismo Cielo y los mismos frutos eternos de la resurrección ya accesibles a nosotros en este siglo. San Pablo lo refirió como “vivir en el Espíritu”, otros espirituales del oriente cristiano hablan de unificar el intelecto y el corazón.

Ahora bien, ¿como encontrar este tesoro escondido? Primeramente debemos tener claro la verdad que muchos espirituales de todos los tiempos han resaltado: No esta en nuestra mano conseguirlo. Es un regalo de Dios que nos será dado cuando estemos preparados, a su debido tiempo. Es una Gracia que viene de lo alto, de Dios. Nuestros esfuerzos por si solos son inútiles para conseguirlo, semejantes a un hombre sentado en un coche tratando de moverlo empujando el volante desde dentro o aun hombre metido en un cubo intentando levantarlo empujando el asa hacia arriba. No podemos suplantar con nuestros esfuerzos la obra transformativa Santificadora del Espíritu Santo. El asimilar esta verdad nos permitirá llevar una búsqueda mas relajada y no una vida en la que intentemos ganar a Dios a fuerza de puños como decía San Juan de la Cruz.

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. MT 7:7. Estas son las instrucciones que nos da Nuestro Señor. Es posible que no recibamos una respuesta a la primera oración que hagamos. Nuestras oraciones siempre son escuchadas pero la respuesta la dará Dios cuando el considere que es mejor. A nosotros nos parece que lo mejor sería recibir esa respuesta instantáneamente pero si no la recibimos es porque Dios sabe que aún no estamos preparados para ello y que lo mejor es esperar. Nosotros estamos ciegos, imaginamos una serie de circunstancias que, en base a nuestra experiencia pasada, pensamos que nos van a hacer mas felices y deseamos que las cosas sucedan así pero cuando las cosas no salen como nosotros desearíamos debemos confiar ciegamente en que si sucede así es porque es lo mejor. Nosotros no podemos ver el propósito escondido detrás de cada circunstancia pero debemos confiar en que lo hay y en que todo sirve al plan perfecto de Dios. Esto también es aplicable al tema que estamos tratando. No dudemos que Dios quiere llevarnos a esta experiencia, tanto lo quiere que se encarnó sufrió como nadie y murió para regalárnosla “No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.” Lc 12:32 pero no menos cierto es que en nuestra naturaleza caída reina el egoísmo y corremos el riesgo de malutilizar los Dones perfectos de Dios y autodañarnos con ellos. Muchos han experimentado en carne propia como su orgullo se ha aferrado a los dones de Dios, los ha hecho propios y le ha dado la espalda a Dios pretendiendo que ya no le necesitaba, pretendiendo ser por mi mismo al margen de Dios. Este, que es el pecado mismo en su estado mas puro, es un riesgo al que estamos expuestos mientras nuestra naturaleza caída siga viva en nosotros. En mi opinión es el miedo el que está detrás de estas tendencias egoístas. Tanto miedo tenemos por nuestras heridas y experiencias traumáticas que nos encerramos en nosotros mismos haciendo de nuestro Yo una fortaleza. No nos fiamos ni de Dios y utilizamos sus regalos para reforzar aún mas nuestro Yo y encerrarnos aún mas en nosotros mismos en lugar de abrirnos a Él. Entonces las circunstancias tendrán que ponernos los pies en la tierra y a través de sufrimientos de muerte destruir nuestra fortaleza y hacernos ver la verdad de nosotros mismos y de nuestra necesidad de Dios para que podamos volver a abrir nuestro corazón a Dios y resucitar. Esto sucede también a niveles mas imperceptibles incluso sin haber recibido ninguna Gracia de Dios. Diría que todos atravesamos esto. Nos creamos una personalidad “espiritual” mediante los medios que deberían servir para llevarnos a Dios (lecturas espirituales, incluso la oración) y utilizamos esa personalidad como una fortaleza para relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Es una manifestación de lo que se ha venido llamando “orgullo espiritual”. De nuevo las circunstancias nos habrán de llevar a la destrucción de esta personalidad artificial a fin de que salgamos de nuestra fortaleza y pongamos nuestra seguridad en Dios. En mi opinión ese es uno de los sentidos de la aridez y de los periodos en los que no hayamos ningún gusto en la oración ni en las lecturas espirituales. En cualquier caso creo que es inevitable pasar por estas etapas y que no debemos preocuparnos demasiado sino confiar en que la obra de Cristo en nosotros prevalecerá sobre el mal que haya en nosotros. Pero cuando las cosas no vayan como nosotros quisiéramos o bien en periodos de aridez podemos recordar que Dios ve lo que nosotros no vemos y abandonarnos a lo que disponga en confianza ciega.

Respecto a como debemos buscar, la máxima “Los pies bien asentados en la tierra (buena conciencia) mirando al Sol (viviendo en oración)” resume lo esencial de como ha de ser la vida del Cristiano. Procurar obedecer lo que nuestra conciencia nos dicta a la luz de las palabras de Cristo a fin de hacer de nosotros una tierra fértil donde la semilla de la Fe pueda dar los buenos frutos de la experiencia y procurar buscar a Dios mediante la oración a fin de recibir la luz y la lluvia necesaria para su buen crecimiento. Pienso que el Espíritu se encargará de guiar a cada uno a la forma de oración mas adecuada según la etapa que atravesemos.

Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. MT 13:44-46


Pedid y se os dará, buscad
y hallaréis, llamad y se os abrirá. MT 7:7

Buscad el reino de Dios y todo lo demás se os dará por añadidura. Mt 6:33

Y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. Gálatas 2:20

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. Juan 4:23-24

Del intercambio entre dos hermanos en la Fraternidad Monástica Virtual

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2 respuestas a De la creencia a la experiencia (I)

  1. Pingback: Oración y pensamientos – El Santo Nombre

  2. HNO BETOCUA dijo:

    Paz y bien hn@s: Me quedo con estas lineas de este buen texto: “No está en nuestra mano conseguirlo. Es un regalo de Dios que nos será dado cuando estemos preparados, a su debido tiempo.. Bendiciones

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