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  • La Hesiquía

    Indica al mismo tiempo recogimiento, silencio, soledad interior, unión con Dios. Dicho término es técnico en la historia de la espiritualidad monástica, para indicar el estado de calma y silencio de todo el ser del hombre, necesario para permanecer con Dios. Una concentración sobre lo único necesario ( Lc 10, 42) buscada también mediante condiciones externas. A veces, el término podrá referirse solamente al aspecto interior y espiritual, o bien a las condiciones externas que favorecen a ambas cosas juntas.

    Extraído de Filocalia

  • La Xenitía

    Se podría traducir como “abandono”, indica –como la hesiquía- tanto una actitud interior como un estado exterior. Es ante todo una actitud interior de aislamiento que apunta a mantenernos extraños y peregrinos en camino a la ciudad celestial. En este sentido, la xenitía se expresa con: la humildad, el rechazo a toda curiosidad, el no entrometerse en lo que no nos concierne, el dejar todo juicio, el evaluar cada cosa en una continua comparación con la eternidad, la incertidumbre del mañana, la hora ignota de la muerte…

    Extraído de Filocalia

  • Nepsis

    Es una especie de ayuno espiritual que consiste en cuidar el intelecto, la mente y el corazón no alterados ni excitados por las pasiones y las distracciones, para permitir al hombre que permanezca en la oración.
    Es la actitud propia del cristiano que siempre tiene que “permanecer en Cristo” con todas sus facultades, y constituye por si mismo todo el programa de la vida monástica. En la tradición bizantina, los santos monjes maestros de oración son llamados precisamente Nípticos.

    de Glosario en Filocalia

  • Àpáteia

    Estado de reintegración del alma en su pureza y libertad originales. Para ciertos autores tiende a indicar una verdadera liberación de las pasiones, para otros, es mas bien un regreso al buen uso de las pasiones que Dios originariamente creó orientadas hacia el bien. El término, de todos modos, no debe entenderse con ese matiz negativo de” indiferencia” que tiene en el uso común; dicha liberación es, al contrario, asimilable a la pureza del corazón, y se dirige a la caridad.

    (de Glosario en Filocalia)

  • Jesús paciente

  • Evagrio Póntico

    "Está separado de todo, pero unido a todo.
    Impasible, pero de una sensibilidad soberana.
    Divinizado, se considera el desperdicio del mundo.
    Y, por encima de todo,es feliz, divinamente feliz..."

    (La Filocalia)

  • de Dionisio Areopagita

    Entregado por completo a la contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales,
    a todo lo sensible y a lo inteligible.

    Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber.

    Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia...

    Porque toda afirmación permanece más acá de la causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se sitúa más allá de todo.

    (Teología Mística)

  • Charles de Foucauld

    Señor, me pongo en tus manos,haz de mí lo que quieras, sea lo que sea, te doy las gracias.

    Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal de que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas.

    No deseo nada más. Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz,porque te amo y necesito darme.

    Me pongo en tus manos sin medida con una inmensa confianza, porque Tú eres mi Dios y mi Señor. Amén.

  • de Juan Casiano

    Es necesario permanecer lo más posible en la celda: Siempre que uno se aleja de ella para vagar por el exterior, al volver le parecerá algo nuevo y desabrido. Más aún, se encontrará como descentrado y lleno de turbación, como si empezara a habitarla. No podrá recobrar sin trabajo y dolor aquella aplicación de espíritu que había conseguido morando fielmente en su recinto, pues ha dado rienda suelta a la dispersión.

    (Collationes, 6,15)

  • San Gregorio de Nisa

    "La gracia del Espíritu es lo que comunica la vida eterna y un inenarrable gozo espiritual; pero el eros del esfuerzo sostenido, que es fruto de la fe, hace al alma digna de recibir los dones y disfrutar de la gracia...la gracia de Dios no puede penetrar en el alma que rechaza la salvación, y el poder de la virtud humana no es suficiente por si mismo para elevar a la forma de vida Divina un alma que no tiene parte en la gracia.

    (Homilias 56, 2)

  • San Efrén

    Crucifica tu cuerpo durante toda la noche...Si no sucumbes al sueño, pasa y colócate entre los mártires. No te dejes vencer por el sueño durante la noche; no eches a perder tu victoria. Conviértete en mártir de las vigilias...Los mártires fueron testigos de día; los ascetas, de noche...

    (Exhortatio ad monachos 5)

  • San Basilio

    No te dirijas enseguida hacia la cumbre de la ascesis...vale más progresar lentamente. Suprime, pues, los placeres de la vida haciendo desaparecer de ti toda costumbre de ellos, no sea que, si alteras de golpe todos los placeres de una vez, te atraigas un día una muchedumbre de tentaciones.

    Cuando hayas superado esforzadamente el ataque de un placer, prepárate para la guerra contra otro placer, y de esta manera vencerás, en tiempo oportuno, todas las concupiscencias.

    (Ep. ad Chilonem 2)

  • de Tomás Merton

    Dios, Señor Mío, no tengo idea de adónde voy. No veo el camino ante mí. No puedo saber con certeza dónde terminará.

    Tampoco me conozco realmente, y el hecho de pensar que estoy siguiendo tu voluntad no significa que en realidad lo esté haciendo. Creo que el deseo de agradarte, de hecho te agrada. Y espero tener ese deseo en todo lo que hago. Espero que nunca haré algo apartado de ese deseo.

    Y sé que si hago esto me llevarás por el camino correcto, aunque yo no sepa nada al respecto. Por lo tanto, confiaré en ti aunque parezca estar perdido a la sombra de la muerte. No tendré temor porque estás siempre conmigo, y nunca dejarás que enfrente solo mis peligros.

    (Pensamientos en la soledad)

  • Desde el 19/06/09

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Amor consumado

Por Cristo, con Él y en Él

El pueblo era viejo, nadie recordaba bien cuando había sido fundado ni por quién. Pero se sabía que era mas antiguo que muchas ciudades hoy opulentas.

Cosas del destino, de los trazados de las vías férreas, de los entramados económicos; si bien nunca fue populoso, ahora estaba muriendo.

La gente se estuvo yendo por años, de a poco. Se iban los hijos a la ciudad y luego se iban los viejos también, para las urbes o al mas allá.

El cura del pueblo era anciano también. Pero no se iba ni se moría.

En algún momento lo quiso trasladar un Obispo, para rotar un poco el clero en la región, pero los vecinos de entonces pidieron que se quedara y así se resolvió. Habiendo excedido largamente la edad para retirarse, ni él lo pidió ni nadie en la curia se acordó.

La rutina del sacerdote era ejemplar. Rezaba las horas sin falta, sin apuro y poniendo contento en ello. La Iglesia estaba abierta, sin llave, como siempre lo estuvo desde que llegó al lugar. “¿Cómo cerrar la casa de Dios?” – había dicho en su momento .

La Misa, santa por donde se la viera, se ofrecía cada anochecer. Pero los asistentes menguaron y luego desaparecieron al transcurrir los años.

El Padre empezó a llevarla a las casas, oficiaba al lado del lecho de los enfermos o en casas de los vecinos y así lograba que algún familiar asistiera, que La Palabra, de algún modo, se expandiera.

Llegado el tiempo en que no pudo casi caminar,  empezó en solitario a celebrar. Nunca supo a ciencia cierta  si era ya el único habitante del pueblo.

Con una movilidad en extremo limitada se mantuvo sin embargo saludable. Comía muy poquito de lo que tenía en la despensa y – hábito de seminario durante la guerra- seguía bañándose con agua fría cada mañana.

No puede decirse cuantos años pasaron, pero si que la misa se ofrecía. Al igual que la noche y el día, el cura persistía. Ni se acababan las hostias, ni disminuía el vino, ni se apagaba el ardor del amor divino consumado en él.

El mundo no supo ni sabe cuantas guerras se evitaron y cuantos llantos cesaron por el sacrificio diario en el altar del solitario.

Parece que un día vino Cristo y no sólo en las sagradas formas y abrazándolo entrañablemente lo llevó con Él.

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Eremitas Camaldulenses

Eremitas Camaldulenses en la Iglesia

La vida Eremítica de la Congregación (Eremitas Camaldulenses de Monte Corona) esta orientada totalmente a la unión con Dios en la oración continua y en la contemplación.

La Institución Eremítica Montecoronense tomando elementos esenciales del Cenobitismo – regla de vida, obediencia y vida en común – y del Eremitismo – soledad, silencio, custodia de la celda – aparece como armoniosa fusión de ambos géneros de vida.

Cada eremita habita en una celda separada de las otras saliendo solo para la oración en común o las horas de trabajo matutinas y para las recreaciones comunitarias.

El eremita trata continuamente de reducir sus propias necesidades y busca en todo la pobreza, la humildad, la sencillez y el retiro.

Buscando en todo primeramente el Reino de Dios (Mt.6,33), el Eremita renuncia a toda clase de autoafirmación y a los valores terrenos de cualquier género.

El Yermo es el lugar de la busqueda de Dios, no están permitidos trabajos que disturben la soledad.

- En base a las Constituciones de los eremitas camaldulenses de Monte Corona -

Eremita en su celda

Horario de la Jornada en el Yermo Camaldulense

3,40 Levantarse
4,00 Maitines.
5,00 Lectio Divina.
6,00 Laudes- Santa Misa- Tercia.
7,30 Desayuno.
8,15 Inicio del trabajo.
11,30 Fin del trabajo.
12,00 Angelus – Sexta – Examen de conciencia.
Comida.
14,30 Nona – Letanía de la Madre de Dios.
17,30 Santo Rosario.
18,00 Vísperas.
18,30 Lectio Divina.
19,30 Cena
20,00 Lectura capitular – Completas
DOMINGOS Y SOLEMNIDADES MAYORES

6,30 Laudes – Santa Misa.
Desayuno.
9,00 Tercia.

Un eremita rezando - Yermo de Polonia

“Señor, vos me habéis querido monje, vos me habéis querido eremita;

concédeme serlo realmente, no exteriormente por mi habito, por unas ceremonias, en apariencia,

sino interiormente, por las disposiciones de mi alma.

Concédeme no vagar jamás lejos de la verdadera y perfecta institución monástica y eremítica,

sino progresar allí día tras día”.

Texto del Beato Pablo Giustiniani

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Temas vocacionales dirigirse a:

YERMO CAMALDULENSE DE NUESTRA SEÑORA DE HERRERA

APARTADO DE CORREOS 406. (09200) MIRANDA DE EBRO - BURGOS – ESPAÑA

tel. 941 74 40 04.

Mail : fjonrubia@inicia.es

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Entrenamiento espiritual – 2º parte

Óleo de San Jerónimo

Desperté mientras amanecía. El canto de las aves era intenso y diverso.

Mi cuerpo, reclinado entre las paredes del rincón, se había dormido mientras decía la oración. Sentí algunos dolores, pero me invadía una frescura novedosa.

Fui a lavarme al arroyo. Al volver descubrí que sin volición alguna de mi parte la oración de Jesús había empezado a formarse en mis labios.

Un pan recién horneado, caliente y fragante, me esperaba junto a la puerta envuelto en un lienzo de colores ocres, que me recordó inmediatamente la casa de mi madre.

Mientras disfrutaba el café noté como la jaculatoria continuaba ejecutándose mentalmente. Podía llevar mi atención consciente a ella o apartarme divagando. Me acordé de las palabras de P. Vasily que había apuntado el día anterior:

“La primera etapa de la oración de Jesús es convertirla en un hábito de la mente. No podemos preocuparnos de su calidad, ni de su profundidad, ni de llevarla al corazón; sería prematuro y un apresuramiento vano que nos haría fracasar”.

Esta apreciación que él siempre tenía de mancomunar las acciones, de hacerme sentir que el crecimiento espiritual no era mi sola responsabilidad sino nuestra común empresa me regocijaba mucho. Me hacía en cierto modo mas responsable, menos perezoso. Sentía a su alma pariente de la mía y que mi conducta en cierta manera podía afectarlo.

“Lo primero es aprender a escribir y no la caligrafía. Recuerda siempre – me había dicho – la calidad resulta naturalmente de la cantidad. Cuando tu mente esté acostumbrada a la oración la iremos mejorando buscando la pureza, la devoción y el ritmo del corazón”.

Nutrido con esos recuerdos volví a mi tarea. Regresé las piedritas al primer cuenco y reinicié la repetición de la oración asociando el movimiento de traslado de un guijarro a la vez. ¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de mi, pecador !

Cuando me angustiaba el énfasis recaía en la palabra misericordia. Mi interior pedía el acercamiento de Cristo a mi corazón, no quedarme solo en lo emprendido. Cuando me relajaba un gozo se me instalaba y se acentuaba el nombre de Jesucristo, como si tuviera un sabor propio intraducible.

Según los consejos del ermitaño, cuando me flaqueaban las fuerzas caminaba un poco en derredor de la ermita, respirando hondo y observando los follajes, los paisajes distantes, contentándome con los pájaros o las minúsculas formas de vida que habitan entre la hojarasca del suelo.

En otros momentos, aunque fuera de día, encendía la vela y la ponía junto al icono y me ligaba a los ojos del Cristo. Esta mirada, me llevaba sin falta al cabo de un momento, a cierta impasibilidad del ánimo.

Se me explicó bien que lo representado es solo figura que intenta por analogía servir de puente con la propia sensación de lo sagrado. Sin embargo, no podía negarme a mi mismo que encontraba en la belleza del icono el desarrollo de una cierta liturgia, como si entre forma y fondo se diera una comunión especialísima, que favoreciendo la presencia del Espíritu en mi corazón, me acompañara.

Por la tarde me visitó Laszio. Su presencia fraterna, su callada comprensión de lo que estaba viviendo me colmaron de dicha. Me aconsejó también barrer las hojas secas en las cercanías de la celda, continuar la talla que había iniciado…

“Lo importante –me decía- es que no se mezcle el sufrimiento con la oración de Jesús. La incorporación de la oración no aumenta con mortificación sino con relajación y concentración. Si vas a moverte para darle descanso al cuerpo y encauzar la inquietud a la que estás habituado, une los movimientos a la repetición del Nombre. De este modo, la oración devendrá continua hagas lo que hagas y podrás sostenerla cuando estés en la ciudad”.

No adivinaba yo por entonces lo que me fue sucediendo después, al transcurrir los días, en el interior de mi conciencia…

Continua…

Equipo de Hesiquía

© Derechos reservados

Enlaces de hoy:

Monasterio de las Batuecas

Silencio

Atelier Santa Cruz

Imagen de: MSJB

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Profesión solemne

Hermano Eduardo Andrés profesando sus votos

Breve reseña oficial

El día sábado 16 de enero de 2010, vísperas de nuestro Padre San Antonio Abad, realizó su Profesión Solemne nuestro Hermano Eduardo Andrés Ascuet MSC

La celebración eucarística fue presidida por el obispo diocesano Monseñor Santiago Olivera y concelebraron el obispo emérito Monseñor Omar F. Colomé, el Padre del Monasterio P. Juan Bautista Romano y otros sacerdotes amigos del Monasterio.

Durante esta Eucaristía fuimos testigos de la Consagración de nuestro Hermano por la Profesión Solemne, los concelebrantes enunciados, la Comunidad monástica, su familia y todos los amigos que lo acompañamos.

Como signo distintivo de la Profesión Solemne, el Hermano Eduardo Andrés recibió de manos del Padre del Monasterio el Rasson Coral, el Libro de Vida y Comunión de los Monjes de la Santa Cruz, los Estatutos y la Regla de San Pacomio. Y de manos del Obispo, como sello definitivo de su consagración, recibió el Anillo monástico.

Monseñor Santiago Olivera y P. Juan Bautista Romano

Breve descripción de un testigo de la Profesión

La capilla de Sta. Teresita está en la cima de la colina. Una cruz grande de hierro forjado se asoma a las sierras presidiendo la rotonda de entrada. El templo rebosa de gente. Las personas llenan el atrio y mas allá.

Atardece. Los rayos del sol recorren el pasillo central, iluminan el altar y destacan el rostro de los Obispos y oficiantes, que en nombre de la Iglesia atestiguan el hecho.

Es un gesto valioso, un compromiso vital, una irreverencia con los valores de moda. Hace ya tiempo que un Hermano ha dejado el siglo, ahora lo profesa a perpetuidad. Pretende vivir escondido en el corazón de Cristo.

La serenidad en el semblante y la firmeza de sus palabras denotan la certeza que lo embarga. La liturgia que envuelve los votos tiene el eco de antiguas edades y de miles que como él se inmolaron en la historia.

A un costado del altar, hábitos grises, monjes barbados y tonsurados, los compañeros del yermo, otros que esperan el abrazo definitivo del Amado.

La palabra evangélica, mitras y báculos, el incienso y el Kyrie enmarcan la emoción que nos invade.

Es que el misterio de Cristo y Su llamado no puede narrarse, solo vivirse y junto con el hermano monje profesamos todos; testigos admirados de la Iglesia renovada, siempre viva y fecunda por la acción del Espíritu.

Hermano Eduardo Andrés rubricando los textos oficiales

Mas fotos de la ceremonia

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